El fantasma del agotamiento de ciclo económico es cada vez más real. La reacción de los mercados en el último trimestre de 2018 con fuertes caídas en los principales índices no hace más que constatar el miedo de los inversores por el final de la fiesta. No en vano, el doloroso recuerdo de la crisis de 2008 es todavía muy nítido. Con todo, el arranque de 2019 ha sido positivo, en tanto que los mercados descontaron demasiado rápido la llegada de una fuerte recesión.

Y es que, aunque el mundo está abocado al final de ciclo económico expansión, esto no debe suponer ningún drama, es algo normal. Hay ciclos en los que la economía crece y después la economía deja de crecer y decrece, por lo que no hay que alarmarse si avanzamos a la fase del ciclo bajista de la economía. «El problema al cual nos enfrentamos viene derivado del recuerdo de la fuerte crisis de 2008, que solo pasa una vez cada siglo y de la cual hemos aprendido», asegura Victoria Torre, de Selftrade. «El pensamiento utópico de que todo va a subir sin fin ha terminado y los inversores lo saben y lo han adecuado a sus políticas de inversión, mucho menos agresivas que las anteriores a la crisis de las subprime».

Con todo, lo que es innegable es que la economía global está pisando el freno en 2019, lo que ha forzado a los bancos centrales de todo el mundo a reconsiderar el endurecimiento de sus políticas monetarias. Eso al tiempo que las principales instituciones internacionales, desde la OCDE, pasando por el FMI o el Banco Mundial han venido reduciendo sus pronósticos de crecimiento de cara a los próximos tres años.

Una situación que Bloomberg ha resumido en siete gráficos que explican los motivos por los que hay que preocuparse por la situación global.

1. Comercio

Las negociaciones entre Estados Unidos y China continúan aunque en los últimos días se han enfriado. Además, el gigante asiático se mueve entre malos datos esperados, ajustes y mejoras, lo que no hace más que alimentar la incertidumbre en la demanda global que se ha traducido en flujos comerciales más lentos.

2. Incertidumbre política

De hecho, la guerra de tarifas ha propiciado un escenario especulativo sobre cómo la política y las instituciones monetarias interfieren en los fundamentales. Son muchos los frentes abiertos en este sentido, desde el Brexit, pasando por un aluvión de procesos electorales entre los que se encuentra la Unión Europea, hasta el cambio de timón de las políticas monetarias de los principales bancos centrales de todo el mundo.

En este sentido, el regulador qué más incertidumbre genera es, precisamente, el de la segunda economía. Los inversores y analistas tratan de dilucidar qué camino tomará en Banco Popular de China para gestionar su ralentización en un momento en el que el país se encuentra inmerso en pleno cambio de su modelo económico.

3. Condiciones financieras

Los mercados financieros han empezado a mostrar ya signos de estrés. De hecho, el último trimestre del año el miedo a una recesión en Estados Unidos ante la profecía de la inversión de la curva de bonos lastró los principales índices de Wall Street a mínimos anuales en diciembre, arrastrando tras de sí al resto de plazas mundiales.

En este sentido, el Índice de Condiciones Financieras de los EEUU de Bloomberg, que mide el nivel general de estrés financiero en los mercados de dinero, bonos y acciones, al menos ha mejorado algo desde que tocó mínimos de dos años y medio en diciembre. Así, que esté en positivo indica condiciones financieras acomodaticias, mientras que un valor negativo indica condiciones financieras más estrictas en relación con las normas previas a la crisis, explican desde Bloomberg.

4. Fortaleza del dólar

Los mercados emergentes están a la expectativa de que ver si el dólar retoma el camino del fortalecimiento que tanta presión provocó en estos países en 2018. De hecho, el dólar permanece en una banda relativamente fuerte frente a las principales divisas mundiales.

5. Sorpresas económicas

A parte de los datos cada vez más negativos que se van conociendo, los mercados se mueven en función de expectativas y, en este sentido, los analistas no han estado especialmente atinados a la hora de hacer sus pronósticos. De hecho, los hechos han sorprendido para mal en EEUU, Europa y Asia Pacífico. Algo que es todavía más preocupante cuando en el histórico se analizan las veces que los economistas han acertado prediciendo recesiones.

6. Baja inflación

Más de diez años de políticas monetarias hiperexpansivas, con los tipos de interés al cero desde 2008 tanto en EEUU como en Europa, no han provocado un repunte de la inflación. De hecho, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, lo calificó como «uno de los principales desafíos de nuestro tiempo». Y es que los banqueros centrales han fracasado una y otra vez en su intento de lograr un crecimiento sostenible de los precios.

7. Deuda

Es el gran caballo de batalla de la próxima crisis que se avecina. Pero si bien la preocupación por este tema varía en función de los países, hay una cuestión que debe recibir una atención especial y es el mercado de préstamos de EEUU. De hecho, varios bancos de inversión como UBS o Deutsche Securities han alertado este riesgo cada vez mayor.

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